Ventajas de la meditación en mi vida

Ventajas de la meditación en mi vida

Soy una persona muy activa. Tuve que aprender, por ejemplo, que pasar horas sin hacer nada no era una pérdida de tiempo, sino un regalo y una forma de cuidarme. Por eso la práctica de la meditación me ha ayudado mucho.

Al contrario de lo que piensan algunos, meditar, una de las prácticas más efectivas para lograr la atención plena, o Mindfulness, no significa pasar a vivir en una calma permanente, ni pasar horas con la mente en blanco. Para mí meditar es la mejor forma de desprenderme de la sobrecarga de actividades, información y tecnología en la que solemos vivir en Occidente. Y en lugar de dedicarme a meditar en un único momento al día, voy realizando meditaciones distintas a lo largo de toda la jornada. Son minutos de concentración y calma en los cuales respiro, tomando consciencia de todas mis reacciones, potenciando el modo observador para tener una mirada diferente sobre lo que me rodea. Suelo hacer la mayoría de las meditaciones sentada, pero también hago meditación activa. Por ejemplo, aprovecho algún parque cercano para sentirme en absoluta comunión con los árboles entre los que camino, vaciando mi mente de cualquier pensamiento que me aleje de esa sensación de plenitud y paz.

Entre las ventajas que obtengo de esos momentos de meditación están:

1) Encontrar soluciones novedosas: Es increíble cómo se dispara la creatividad cuando te otorgas espacios para desconectar de la vorágine del día a día. Por ejemplo, al hacer una pausa a media tarde regalándome quince minutos de inmersión en la naturaleza, al reincorporarme al trabajo, soy más productiva y/o encuentro soluciones a problemas que parecían enquistados.

2) Permite una mejor comunicación: Meditar me lleva a un estado de calma interior, manteniendo el estrés a raya, ello hace que pueda establecer con los demás una comunicación más fluida. Además, llevo muy presente que cuando alguien no se expresa de una forma correcta no es personal, minimizando mis reacciones emocionales al máximo. Por ejemplo, alguien me grita, y en lugar de reaccionar de mala manera, pido firme y tranquilamente que baje la voz.

3) Evitar que entre la negatividad: Hay momentos que me indican que debo meditar: Si comienzo a sentir pena de mi misma, si me siento víctima de las circunstancias, si me entra miedo con su descontrol añadido, si las dudas me sobrepasan… Cualquier asomo de victimismo “pobrecita yo”, o de negatividad “el mundo está en contra mía”, se deshace cuando me centro en el aquí y ahora. Por ejemplo, en momentos de enfermedad, meditar me lleva directamente a la aceptación de la enfermedad como condición de vida para evolucionar personalmente, evitando cualquier sensación de injusticia.

4) Mejor gestión de mis emociones: Meditar me lleva a conectar con el presente y con el modo observador, así que cuando siento cualquier emoción, en lugar de catalogarla como buena o mala, la acepto y la observo, para evitar perderme en ella. Por ejemplo, si estoy en un momento de tristeza, además de respirar sabiendo que pasará, tomo consciencia de qué parte de mí está reaccionando de esa forma: ¿una creencia? ¿una expectativa? Con ello logro conocerme mejor y hacer de las emociones mis aliadas para mi camino de crecimiento personal.

5) Mayor concentración: La meditación me aporta calma mental y con ello una mejor forma de organizar mis actividades, lo que me ayuda mucho a dejar de lado mi viejo hábito de saltar de una tarea a otra o de tratar de hacer varias cosas a la vez. Por ejemplo, si de repente me llegan varias tareas urgentes, hacer una pausa para meditar me permite establecer prioridades y seguir un esquema de trabajo donde no hay lugar para las interrupciones, y si para la satisfacción del trabajo bien conseguido con respeto a mi tiempo y posibilidades.

Por todo ello recomiendo la meditación, que considero ha de ser adaptada a la forma de ser de cada uno. Existen tantas formas de meditar, que podemos encontrar aquellas que nos sean más fáciles para emprender ese camino tan satisfactorio de vivir en el aquí y ahora. Desde que medito, soy más feliz y vivo en un estado de mayor levedad, ¡deseo para ti lo mismo!

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7 comentarios

  1. Enrique Conde

    Que bien expresado,pero qué complicado a la vez. El secreto está en la constancia (y un poco de técnica es necesario también).
    El que tiene el hábito de meditar no sabe lo afortunado que es.
    Gracias Adelma.

  2. NICOLAS

    Gracias, Adelma, por compartir tu práctica meditativa. Continuaré leyéndolo en sucesivas ocasiones porque cada vez que lo hago descubro nuevas facetas a tener en cuenta. Me muestras un camino que yo también estoy recorriendo, y trato de adentrarme en aspectos a los que haces mención como la “comunión con los árboles” (para percibirlos desde el corazón y no sólo desde la mente), el modo observador (en vez del juicio y las expectativas)…Sé que es algo personal, pero, ¿podrías compartir qué proceso sueles seguir en la meditación? Me refiero a: modo de respiración; si llevas tu atención a alguna parte de tu cuerpo (hara, corazón, tercer ojo…); si procuras dejar la mente en blanco; o si te pones en “posición” de escucha, o “vigilando” /observando tus pensamientos, o bien te marcas objetivos…Yo, como mejor me siento, es cuando soy capaz de “colocarme” en “modo observador” (lo comparo con la posición “stand by”, ni apagado ni en alerta. Por cierto, me ha dado traslado de tu blog Irene, mi hija. Un abrazo. Nicolás.


    1. Autora
      Adelma

      Gracias por tus palabras Nicolás. En cuanto al proceso que sigo cuando medito, me centro en las sensaciones corporales que me produce la respiración consciente. Puedo hacerlo en cualquier posición (sentada, de pie…) e incluso en movimiento (practico mucho la meditación activa), y lo cierto es que en lo que me centro en respirar, cierro los ojos unos segundos y enseguida la primera reacción corporal es enderezar la espalda, que me transmite el alineamiento entre mi vida terrenal y este universo mágico que nos acoge. Como el objetivo es no perder la sensación de conexión con el presente, estoy muy atenta a los pensamientos intrusivos, para hacer parada de pensamiento.

  3. Aurora

    Adelma, ¡Qué interesante tu vivencia! Gracias por compartir un pedacito de ti tan esencial.
    Estoy de acuerdo contigo, estamos sobrecargados de diferentes actividades que no dejan a nuestra cabecita descansar, siempre un pensamiento encadenado a otro, uniendo pasado, y futuro para organizar de la mejor forma lo que queremos hacer gracias a, o basándonos en lo que ya hemos aprendido…. muy bonito en teoría, muy estresante en la realidad, ¿Y qué pasa con el presente? ¿Dónde queda?
    Me permito copiarme de tu experiencia, me gustaría conseguir calma y vivir aquí y ahora (ese presente olvidado), te pediré ayuda pq la verdad, desde fuera parece difícil.


    1. Autora
      Adelma

      Gracias por el comentario Aurora, sólo una sugerencia, cambia la expresión «difícil» por falta de hábito. Es que estamos poco habituados a la quietud, a detenernos en cada paso, a disfrutar de cada momento. Y seré feliz si nos ayudamos 😉

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