Saludando a nuestro niño/niña interior

Saludando a nuestro niño/niña interior

El niño o niña interior es una de las herramientas más valiosas que he conocido en mi trabajo terapéutico.  El inconsciente no diferencia entre realidad y fantasía, por tanto, siempre podemos recrear una segunda infancia con todo aquello que nos faltó.

Todos hemos caído en una familia determinada. Si en esa familia había amor, nos nutrimos de amor, pero si había tensión, nos teñimos de esa tensión. El niño/niña absorbe todo lo que hay en el ambiente. Lo que pasó en su momento no pudimos controlarlo, porque éramos vulnerables. Pero hoy podemos darle a nuestro niño/niña todo aquello que no tuvo, colmándole de atención. Podemos cuidarle, amarle y protegerle.

Saludar a nuestro niño/niña nos reconforta, es saludable, y crea nuevos caminos neuronales de atención al niño/niña que fuimos. Veamos cómo:

  • Haz un relajación corporal, centrándote en un tu respiración, recorriendo todo el cuerpo (cabeza, cuello, hombros, brazos, tórax, pelvis, piernas hasta llegar a los pies), sintiendo mientras respirar que cada parte va pesando menos.
  • Visualiza una pantalla delante de ti, en la que se proyecten imágenes de tu infancia como si fuese una película, visualiza momentos en las que corres, sonríes, juegas, etc…
  • Deja que la imagen que más te llame la atención, se reproduzca una y otra vez. Mira a tu niño/niña con detenimiento: su ropa, sus zapatos, su cara, sus gestos, su expresión… Observa con infinita ternura al niño/niña que fuiste.
  • Ahora imagina que la persona que eres hoy, esa que ves en tu espejo todas las mañanas, entra en la escena para interactuar con tu niño/niña.
  • Preséntate a tu niño/niña. Dile que eres su continuación, que estás para protegerle, amarle. Relacionate con esa parte tuya exactamente cómo lo harías con un niño/niña de esa edad.
  • Ten una conversación amorosa, comprensiva. Deja que tu niño/niña te exprese lo que quiera decirte, y comprométete a visualizarse más a menudo, a pasar más ratos en armonía y paz.
  • Ahora despídete como te salga, sin forzar nada.  Sal mentalmente de la escena sintiendo a tu niño/niña en tu corazón. Vuelve al momento presente respirando amor por tu niño/niña.

Repite este ejercicio todas las veces que quieras. Mientras más lo hagas, mayor sensación de protección y de amor estás creando dentro de ti.

 

 

Compartir

1 comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.