Ritual para cortar lazos de dependencia

Ritual para cortar lazos de dependencia

Hay personas con las que tenemos un vínculo que nos asombra por lo excesivo. Establecemos con esa persona una relación de amor-odio. A veces es una relación que ya no tiene vigencia, por ejemplo, una pareja con las que hemos roto. Otras veces es una relación “para siempre” como la que tenemos con nuestros padres. Queremos sanar esa relación pero no sabemos cómo. Hay un vínculo amoroso porque a esa persona de alguna forma la hemos amado y/o la seguimos amando y/o sentimos que debemos amarla, pero también hay aspectos de esa persona que detestamos. Quisiéramos que pensar en esa persona no nos afectara, pero se nos repiten una y otra vez pensamientos con esa persona, es como si no pudiéramos sacarla de nuestra vida porque la cabeza la mantiene presente. O tenemos que ver a esa persona con cierta periodicidad y no logramos sentirnos a gusto. Estamos en una relación de dependencia.

Te propongo hacer un ritual para cortar los lazos de dependencia, para que puedas relacionarte y/o recordar a esa persona pero sin que te afecte, manteniendo tu tranquilidad.

Pasos para soltar los lazos de dependencia.

  1. Escribe en un papel todas las diferencias que tienes con esa persona, todo lo que consideras te hiere, te daña, te causa dolor. También añade a la lista todo aquello que has hecho que puede haber herido, dañado o causado dolor a esa persona.
  2. Siéntate en un lugar tranquilo, y relájate centrándote en tu respiración. Recorre lentamente tu cuerpo desde la cabeza hasta los pies sintiendo cómo cada parte (cabeza, cuello, hombros, brazos, tórax, pelvis, piernas) va pesando menos, hasta sentirte cada vez más ligero.
  3. Visualiza en tu mente que alrededor de dónde estás sentado, hay un círculo de luz de un color dorado.
  4. Ahora, como si fuese un espejo, coloca mentalmente a la persona delante de ti, en la misma posición en la que estás tú, también envuelto en un círculo de luz.
  5. Visualiza ambos círculos de luz como si fuesen un “ocho”. Repite mentalmente: “tú tienes tu espacio, y yo tengo el mío”, “respeto tu círculo de protección, respeta tú el mío”.
  6. Mentalmente dile a la persona que te propones realizar un ritual para deshacer la dependencia. Deja que venga a tu mente los puntos de conexión, deja que aparezcan lazos de unión, como cordones, entre esa persona y tú: ¿cabeza a cabeza? ¿corazón a corazón? No emitas ningún juicio, puede que estén en las partes más inesperadas de tu cuerpo y cada cordón puede ser diferente, más nítido, más luminoso, o más oscuro.
  7. Ahora visualiza unas tijeras luminosas, del mismo color del círculo de protección. Comienza a cortar cada uno de los cordones. Cada vez que cortes uno, siente como al cortarlo se deshace, desaparece, y siente como desde el círculo protector te envuelve una luz sanadora, que cura tu herida, mientras a la otra persona su círculo de luz hace lo mismo.
  8. Una vez sanados todos los cortes, visualiza los agravios de tu lista, siente cómo pierden importancia, como carecen de sentido, como se minimizan. Perdónate por todo aquello que quisiste hacer de otra manera en esa relación, y perdona a la persona que tienes delante por no saber hacerlo de otra forma. Expresa tu perdón y comprométete a establecer límites claros, amorosos. Siente como los dos círculos se separan, diciendo mentalmente “tú tienes tu espacio y yo tengo el mío”.
  9. Vuelve al presente, poco a poco, centrando tu atención a tu respiración. Abre los ojos y toma contacto con el lugar.
  10. Deshazte de la lista, y mientras lo haces, comprométete a no dejar que te invadan pensamientos intrusivos acerca de la otra persona y/o dejar que te invada la angustia cuando tengas que interactuar con esa persona. Crea una frase para frenar cualquier pensamiento y/o cualquier intranquilidad del tipo “merezco mi espacio”, “estoy protegido, protegida”, etc. Se trata de respirar repitiendo mentalmente esa frase cuando de alguna manera aparezca el hábito de pensar en negativo en la otra persona, o si al tener que interactuar con ella, comienzas a sentirte incómodo o incómoda. Con el tiempo el viejo hábito irá desapareciendo, en la medida en que vas integrando la sensación de seguridad de tu propio espacio.
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